Realidad estallada

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Luz y oscuridad se gritan
suenan guitarras eléctricas
Anna deja sonar las cuerdas
aterciopela iglesias con su voz

Un bar que disipa intensiones
un vaso quiebra al alma
Susanne canta sobre sonoridades de metal
una intención de salvar el agua dulce

El agua no siempre es fresca
cuando uno la necesita
Laura se cansa de las novedades
en un mal momento estalla

Imágenes, imágenes en el cine
oscuridad inyectada de rayos suecos
el mejor enero de la historia
una mano sobre otra mano

Luz estallada
voces de otro continente
corren sobre los mares
fragmentos, fragmentos diluidos
disuelven, disuelven voluntades
Luz estallada
luz estallada
luz estallada

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¿Aira?

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Cosas sueltas

Si esto fuese un artículo de Página 12 se llamaría Belleza y Felicidad
La semana pasada soñé con una mujer cuyo segundo nombre es Margarita. No es un nombre común entre la gente de su edad. En el sueño ella llamaba a mi madre para que le cuide a su hijo. Mi madre estaba contenta ya que adora a los niños y, en la realidad, no tiene nietos, lo que constituye una falta. Al día siguiente compré un libro que se llama Margarita (un recuerdo).getBookImg
El libro tiene marcado un 60 con lápiz en la primera página. Tiene palabras resaltadas con un marcador amarillo. No son muchas: alcanfor, animadversión virulenta, valetudinario, trashumancia, en mi fatuidad juvenil.
En al año 57 fueron las campañas electorales para las elecciones de 1958 en que se presentaba una UCR escindida. La UCRI cuyo candidato era Arturo Frodizi y la UCR del Pueblo cuyo pegajoso candidato fue Ricardo Balbín. Cuando aprendí esto en el colegio no entendía cómo se podía separar un partido. Hoy me puedo dar una idea, pero no deja de aplicarse la frase de José Hernandez y el paso de la historia demuestra que así ha sido.
Según Google Maps Saldungaray queda a seis hora y media aproximadamente de mi casa. Queda pasando Azul, casi llegando a Bahía Blanca.
En el mes de diciembre pasado salía un sábado para el laburo un tanto apurado, los sábados me despierto, me baño durante media hora, y salgo corriendo. Si no lo hago de esa forma temo no llegar. Hacía un poco de calor y el sol pegaba con rayos agudos sobre la piel ya a esa hora, las ocho de la mañana. Cruzo Pedro Goyena y hago media cuadra y veo a un hombre de unos sesenta, sesenta y pico en bicicleta y no puedo no emocionarme y sentir que lo conozco de siempre y quiero abrazarlo y decirle… No tengo nada que decirle. ¿Qué podría haberle dicho? ”Maestro es Ud. un genio” o “César, ¿qué onda?” Claro sólo sería posible alguna frase así de estúpida y redundante. No hay nada que una pueda decirle a alguien que es un mito en vida. Además, ¿qué seguridad tenía de que fuese él? Ninguna. El hombre de la bicicleta me miró como diciendo “uh, pobre pibe”.

El mito

Se conocen algunas anécdotas que ayudaron a crear un personaje un tanto infantil como la que cuenta que un grupo de escritores iba a un congreso, o algo así, y Aira estaba en un rincón de la sala de espera del aeropuerto escribiendo en su libreta con total ensimismamiento. Lo cierto, y es lo que se comenta en cada nota que se escribe sobre él, es que siempre tiene una novela para algún editor independiente con pujanza.
Es un mito por lo fabuloso que supo ser su obra, los repartidores de pizza rodeando las manzanas del barrio de Flores, los gusanos de seda de la corbata de Carlos Fuentes, lo variado de sus personajes y situaciones como en el Parménides o Yo era una niña de siete años. Pero lo que refuerza eso es que cualquiera que quiso ser escritor y supo que él es prolífico sin dudas lo ha envidiado un poco.

Este libro

Ambientado en el verano de 1957 en Pringles y Saldungaray – provincia de Buenos Aires – Margarita (un recuerdo) (2013, Mansalva) es la historia de un joven, furioso lector, que está por pasar a su vida de adulto. Eso es todo, esa es la historia, el resto es la belleza que le agrega el autor a sus 108 páginas de una novela sutil y delicada. Las páginas de este libro contienen frases profundas, llenas de una lógica impecable, lógica de un escritor en su punto álgido, oraciones llenas de una inteligencia madura.
Por las características del personaje uno tiende a pensar que se trata de un hecho autobiográfico, pero luego de pensarlo echa mano a las cuentas y la cosa no cierra: Aira nació en 1949, o sea que en el 1957 tenía solo 8 años y el narrador tiene 10 años más. ¿Por qué uno piensa esto siempre? ¿Qué hay de real en las novelas? No por quitarle mérito al escritor sino porque lo que aparece como enigma es esa punta de cristal que corta a la realidad y la convierte en ficción.

Exergo

“Fosdinovo, 23 de mayo de 1012”. Con esto cierra el libro, como en todos sus libros está la fecha y el lugar donde han sido escritos (o finalizados). Uno se lo imagina en Fosdinovo con su cuaderno y su estilográfica, a sólo minutos del mar, sentado en un patio lleno de olivos y un sol amable y un aire tierno sobre su rostro que mira más allá de los entes.

Intima Juliana

Sale por las mañana y desea
no volver a su cuarto que desde niña
las paredes miraba
en donde todo se le ocultaba

Y hora todo sigue lejano y oscuro
y ya no es su casa
las paredes la asfixian
entonces respira el tabaco quemándose
de su cigarrillo
y mantiene contacto con la vida.

En las calles busca,
pero cuando la buscan huye
porque tampoco es su vida
y nunca llegará a su hogar.

Cuando grita nadie la escucha
y ya está cansada y cansada
cansada y cansada.

Cuando grita nadie la escucha
y ya está cansada y cansada
cansada y cansada.

Nadie sabe lo que la pasa
y sus ojos lloran las ganas de vivir
nadie la culpa de su profunda
melancólica vida,
incluso la quieren,
PERO LAS COSAS NO SON SENCILLAS POR LA MAÑANA.
Y esa música que no llega
el poema de tu almohada
y el calor de tu cara
solo sueños en la mañana.

Íntima Juliana.

Sin lápices

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Luego, vinieron las explosiones. No importó que los cadáveres no fueran encontrados. La vida humana por aquel entones estaba supervaluada y cuanto más valor se le daba perdía sentido la existencia. Importaba el valor. Los montones de cuerpos desaparecidos fueron esparcidos en forma de ceniza sobre un río marrón.

Fue por aquel entonces que no era posible comunicarse unos con otros. Megano para sobrevivir chupaba pijas todo el tiempo. Trataba de que no contagiarse más de las mierdas de las que ya estaba contagiado, pero era inútil. Era posible ver desde el puente los miles de soldados que iban en busca de los estudiantes. Los estudiantes se ocultaban tras el cerro rayano a la frontera. Límite del país con un país con un estado más criminal, un pueblo más pobre. Donde las enfermedades eran aún peores. Siempre hay alguien que está peor que uno, pensaba Megano, con dos pijas en culo.

Esa bandera ya no le importaba a nadie. Manda buscaba a su familia. Nadie parecía poder ayudarla. A nadie le importó verla esa tarde en la covacha del Monte sucia y muerta de hambre. Mucho menos importó que fuese lisiada, no tenía una mano, no la necesita porque no hay qué comer, pensó Efraín – el maestro del barrio de la covacha.

Los niños no podían pensar en un futuro, estaban plagados de miedos. Las noticias eran sólo de muertes. Asesinatos absurdos. Uno tras otro. Claridad, la monja puta del pueblo, les hablaba de un ángel de la guarda. Los infelices infantes esperaban ese ángel en medio de esa ruina de pueblo ignorante y sucio. Pero ese puto ángel no ayudó a ninguno de los niños. Y ninguno de ellos pudo ayudar el otro, porque no podían mirarse a los ojos. Estaban solos, aislados uno del otro. Como Megano, como Manda, como Claridad.

Tal como no podían verse mucho menos podían hablarse. No existía, en este pueblo sin espíritu, la interpelación. Sólo el desarraigo. No era posible la construcción de una cucha para protegerse de la lluvia. Sin trabajo. Huyendo de la policía, institución en la que no se podía confiar porque no había “instituciones”. Diversificación de puntos que no generan historia.

Últimos momentos de la miseria

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Fue unos de los momentos más amorosos de la relación y era el final. De un final extendido. Fue un momento de luz y de calidez, de miradas tiernas y roces de las menos tibios. Me preguntaste si tenía monedas para el colectivo, te dije que sí. Hablamos de unos relatos míos. Te dije que no le enviaría los cuentos a un editor sin consultarte. Hablamos con la tranquilidad de una pareja que se conoce. El taxista estaría escuchando la conversación como quien escucha a un matrimonio establecido. Con sus rutinas pautadas. Dos personas con los silencios establecidos.

Cuando bajé del taxi las monedas no me sirvieron para nada porque no venía el colectivo; ninguno de los que me llevaba. Tomé otro taxi que iba por Callao en una mañana de sábado. Pensaba en la publicación de mis relatos y no en lo que acababa de pasar. Los dos sabíamos que esa conversación había sido la última. Esa mañana había sido la última mañana que despertáramos juntos. Así fue.

Lo nuestro había sido una constante dilatación de la finitud. Llevar un límite por fuera del tiempo mismo: eso fue lo que permitió la supervivencia de lo “nuestro”, una ilusión compartida. Una ilusión compartida o admitir que los dos sabíamos que eso tenía una fecha de caducidad, lo digo en esos términos administrativos a propósito.

Sí, lo sabíamos, muy a pesar de la costumbre de nuestros cuerpos. De la comodidad de el ser con, esa red de significaciones que tejer uno para estar agarrado a algo, no, no, a alguien. Sí, era eso, y era bueno. Cuesta no pensar en las cosas que compartíamos que eran muchas. Nadie puede creer eso. Nadie puede creer que no nos aburríamos juntos. No, no nos aburríamos.

La noche anterior te pasé a buscar por un lugar, nos encontramos en una esquina. Traté de pensar que era una noche más. Actué ese final. Traté de ponerlo en las línea de rutinas: comprar para hacer una picada, planear qué tomaríamos. Traté de que la lógica gane y ponga a los hechos en una sucesión de hábitos. La lógica no sirve como dice Derrida, dos más dos dan por lo menos cinco. Bueno, esa noche, dos más dos, como mucho tres.

La charla de manual acerca de que no debíamos vernos más. Una cena frustrada. O una cena con demasiada comida para el espacio que había, para el poco oxígeno que quedaba para digerir, todo eso se convirtió en algo verde y putrefacto. Literalmente:  en un hecho podrido. Porque…

Porque lo dicho no era real y los lazos creados por el lenguaje doblemente falsos. Diferidos n veces. Las palabras corrompidas todo lo que un cuerpo puede soportarlo. Y, ¿ese era el fin de la miseria? ¿Era ese el final de un ejercicio de acción sobre el cuerpo por medio de las palabras y los susurros?: No.

La miseria se impone más de una vez y con más caras de las que uno supone. Y nuevos rostros o rostros que reaparecen hacen su trabajo. Un psicoanálisis de morondanga se impone por sobre los hechos concretos. Triunfan el exceso de confianza en el lenguaje, el abuso de las palabras que generan enfermedades y no alivian la existencia. Prueba sobre prueba. Acción sobre acción.

Anna Calvi: luz y penumbra

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Hace muchos años que no me siento fascinado con algo como con la música de Anna Calvi. Esto me pasó hace años con Dog man Star de Suede, antes con Bonadrug y antes con Sui Generis. No sólo es el placer de escuchar y emocionarse sino también de saber qué tocan y cómo lo tocan. Prestar atención a los arreglos de la guitarra y los arreglos de la voz.En todas las notas sobre Anna Calvi se repiten algunos temas, su padre italiano, Jimmi Hendrix, la Fender Telescaster, Debussi, David Lynch. Más o menos eso.1908337_10152242357730954_8661827942128524620_n (1)
Se la compara con Patty Smith, Siouxsie y Pj Harvey. La verdad es que estas comparaciones son pobres. Resulta fácil hacerlas pero no son justas. Queda cómodo hacerlo, es mujer y canta.
Como cantante la compararía más con Scott Walker, con el Walker que cantaba las canciones de Jacques Brel y con el Walker de 2014. La profundidad de la interpretación, los tonos oscuros y los destellos del rojo en la melodía.
En lo musical resulta más fácil ubicar las influencias. Podría resumirse en Hendrix-Debussi y todo lo que pueda estar en el medio de eso: Bernard Butler, Morricone y Ravel.
Anna Calvi es cantante, compositora y guitarrista. Parece entender que ser tantas cosas requiere cierta precaución. Esa precaución hace que maneje una economía austera con un resultado satisfactorio. La afinación de la guitarra hace que pueda lograr graves oscuros con la voz, no tener un bajo, en general, hace que se sostenga mucho con la percusión, casi siempre hay alguna melodía, cuando no es la guitarra, es la voz. La voz y la guitarra son una sola cosa por momentos. Son una continuación de la otra temporal y especialmente. O, como en Joan of Arc, el cover de la canción del amado Leonard Cohen, en donde ella no cante, sin embargo es como si la cantara. El sonido de su guitarra es reconocible de inmediato. O, como en Baby It’s you (la empalagosa canción de Burt Bacharach, conocida en la versión “divertida” de The Beatles), en donde en las otras versiones hay un coro de voces, ella hace que canten las cuerdas de la guitarra.
Sus canciones son difíciles de imaginar sin el acompañamiento del armonio y la marimba. Esto hace que el sonido sea un poco extraño. El armonio remite a los discos de Nico y la marimba a los discos de The Creatures, pero en conjunto da un resultado por completo diferente.
Su primer disco de 2011, Anna Calvi, está perfectamente acabado, no tiene bordes ásperos y es uniforme. Son canciones construidas alrededor de la guitarra. El disco One Breath, de 2013, tiene una formato más desparejo y es claramente un disco que refleja una etapa de transición. La composición es mucho más ambiciosa. Es más orquestal, los instrumentos aparecen escalonadamente. La guitarra no es tan protagonista, las letras son más cortas, pero canta más.
Hay dos Anna Calvi. La mujer suave con voz de niña de las entrevistas y la femme fatale del escenario que arrasa con todo. En vivo es profundamente emotiva, con su voz que pasa de susurros a gritos alucinantes.

Dejo un video de una canción de su último disco:

Petra von Kant

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Después del diluvio Noé dedico su tiempo al cultivo. Descubrió que el jugo de las uvas era bueno para saciar su sed. El jugo guardado un tiempo le dio el vino -así como también el vinagre. El vino provocó el alejamiento de uno de sus hijos después de algunos hechos confusos. Noé lo desterró.

El vino es tan ambiguo como el phármakon derridiano (en dosis moderadas puede ser un remedio, en cantidad un veneno). Un poco de vino puede ser causa de una felicidad frugal. La figura de Baco no deja de ser ambigua. Mucho menos una bacanal en la que todo puede ser. El vino puede teñir las entrañas de un color rojo furioso. La imagen de Baco de un rojo furioso es la que está mirando constantemente a Petra von Kant.

Atención a nuestra prostituta tan querida es la parodia de un hecho concreto: el rodaje de Whity, ambos films de 1970. Rainer Werner Fassbinder escribió el guión de Whity para darle el papel principal a Gunther Kaufmann. El rodaje de la película fue uno de los más dramáticos en la historia del director alemán. Gastaron todo el presupuesto antes de tiempo, histeria de Fassbinder de acuerdo a como marchaba la relación con Kaufmann, etc.

La interpretación más simple que se puede hacer de Las amargas lágrimas de Petra von Kant (1972) es el paralelo entre esa relación ya madurada, macerada por el propio Fassbinder. Personaje, actriz interprete y su correlato con las personas de la historia real:

Petra von Kant (Margit Carstensen); Rainer Werner Fassbinder

Karine Thimm (Hannah Schygulla); Gunther Kaufmann968full-the-bitter-tears-of-petra-von-kant-screenshot

Marlene (Irm Hermann); Peer Raben: “al que aquí se ha convertido en Marlene” como versa la dedicatoria de la película.

Al ver la película uno puede relacionar esto y entender cómo podría llegar a ser ese trío. Pero como ocurre muchas veces cuando de pasa a la ficción un hecho real toma dimensiones distintas a las reales. (Dejo el tema de la ficción para otra entrada).

Petra von Kant vive su vida en un cuarto (segunda canción de la película es In my room, interpretada por The Walker Brothers). El contacto con el exterior no es real, el teléfono no comunica con lo real. Marlene no trae noticias de la calle, no habla. Lo diarios son información manipulada (en la foto en que aparecen Karim Thimm y Petra aparece Fassbinder con una camisa a cuadros).

Cuando Marlene abre las persianas y Petra se despierta, al inicio de la película, se la ve con una máscara de crema, inmediatamente se pone una peluca de un castaño claro. Cuando se saca la crema es para ponerse maquillaje. Siempre tiene una máscara y las pelucas van mutando: después una roja y luego una rubia. El personaje es una persona con una máscara en un rol ficticio. Es decir, máscara sobre máscara. Del latín, el término persona está relacionado con máscara. Petra actúa su personaje.

Su amor por Karim es una puesta en escena más de su personaje. Finalmente, acepta que no la amaba sino que sólo intentaba poseerla. Lo que se ve es que esa posesión era más bien una compra, un intercambio. Petra no se hacer presente nunca sino su dinero, su poder ante el medio en el cual Karim quiere crecer.

Marlene es el factótum de Petra. Hace todo por ella, no importa si se lo pide (a los gritos) o si no se lo pide. No hay diferencia para mí en esto porque Petra hace las cosas por impulso. Creo que Marlene, un personaje que no habla, puede ser muchas cosas: su amante, su sirviente, su droga. Marlene es lo que la adormece, la que no la deja hacer nada, la que hace que odie hasta a su propia hija (su creación). Marlene es una parte de Petra que no tiene historia, que la acompaña y no la deja pensarse.

Al final Petra aparece sin maquillaje y sin peluca. Se puede ver que su piel aún está sana luego de sus ataques. Puede hablarle a Marlene y le pide que le cuente su vida. No recibe respuesta y Marlene la deja, se va de su lado.

Las amargas lágrimas de Petra von Kant es inmediatamente posterior a El mercader de las cuatro estaciones (1971), es comienzo del período en el que Rainer Werner Fassbinder entiende que puede volcarse al melodrama sin traicionarse a sí mismo. Si bien Las amargas lágrimas… es la adaptación al cine su obra de teatro es tan cinematográfica como el resto de sus films. La escena en que Karim le cuenta a Petra que estuvo con un hombre se puede ver del otro lado de las vigas a dos maniquís acostados en la cama de Petra y otro observando impunemente. Se los ve como en una celda, como si esa celda fuese la conciencia de Petra que no soporta ese castigo gratuito de la burda y hermosa Karim. En la discusión Petra la trata de puta y se viene el alejamiento definitivo y la cámara las muestra a ambas separadas por la barranda, Karim arriba, Petra abajo. Las veces en que Marlene es tratada como un perro se puede ver la sombra de un perro de adorno sobre una pared blanca.

El diluvio universal fue impuesto por Dios para no alejarse tanto del hombre y que los corruptos desaparezcan de la Tierra. El vino nuevamente arruinó una estirpe recién depurada. Nuevamente se produce un alejamiento entre Dios y los hombres. Petra von Kant está alejada de sí misma y no reconoce su obra. Cuando Marlene se va y apaga la luz la oscuridad impide que Baco la mire desde su orgía. Es posibles que Petra logre encontrar su ser si logra callar a sus monstruos.

 

Ángel deportivo

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Hoy, hoy te veo patear
en la oscuridad
veo electri-electricidad
en la oscuridad.

Te veo pasear en la oscuridad
Con tu ropa de ángel deportivo
Siento mi alma reposar
En ese campo verde artificial

SÉ QUE TU MUNDO NO ES MÍO
Pero aun así una extraña sensación
De reposo hay en mi alma
AH!
Hoy te veo pasear en la oscuridad
Extraña luz de ángel deportivo
Siento mi alma descansar
En ese campo verde celestial

SÉ QUE TU MUNDO NO ES EL MÍO
Venía por el camino equivocado
Y verte correr me hace deslumbrar
OH!